Hoy celebramos el Solsticio de Verano, que corresponde -astronómicamente hablando- al día donde el eje de la tierra alcanza su inclinación máxima hacia el sol, mientras transita su órbita por los cielos. En el Hemisferio Sur, el Solsticio de Verano se celebra en Diciembre, y corresponde a la noche más corta del año. El Solsticio de verano, como su nombre lo indica, designa el cambio de estación, la culminación de un proceso primaveral donde gradualmente fuimos testigos de noches cada vez más cortas y tibias, con atardeceres cada vez más luminosos y tardíos.

Los solsticios son fechas de observación tanto astronómica como astrológica, y se constituyen como grandes marcadores temporales para nuestras civilizaciones latinoamericanas. En el Imperio Inca contaban con observatorios cuidadosamente construidos para indicar los Solsticios de Invierno y verano, equinoccios, y eclipses, ya que la observación y seguimiento del cielo y sus movimientos le permitían al pueblo del Tahuantinsuyo orientarse tanto física como temporalmente, organizar las siembras y cosechas, los ritos, las festividades.

Hace algunos años, Ignacia y yo estuvimos de viaje por México, conociendo ruinas y monumentos naturales en la zona de la Riviera Maya. Es en las ruinas arqueológicas de este lugar donde conocimos el calendario circular Maya, y las edificaciones que por una pequeña apertura, dejan pasar la luz precisa que indica solsticio de verano, solsticio de invierno, equinoccio de primavera, equinoccio de otoño. El Solsticio de Verano fue descubierto y bautizado por los mayas como Saq’ Q’ij, que quiere decir “días claros, blancos, resplandecientes, y luminosos”. El Saq’ Q’ij es el día de la quietud del padre sol, el día en el que el padre sol se detiene para darnos el Nim Up’am Q’ij, que es el día más largo del año.

 

 

Así como el padre sol nos honra con su presencia, la naturaleza entera se revoluciona, los árboles maduran sus frutos, las hierbas trepan por los árboles, las aguas vivas se limpian, la nieve corre río abajo a su encuentro con el mar, los animales cuidan a sus crías, el reino fungi vibra con el calor y la humedad, y los humanos, que en otras épocas cosechábamos y disfrutábamos la abundancia en conexión con la tierra, hoy emprendemos el rumbo de vuelta a ese abrazo cariñoso que nos entrega la Madre Pacha, la diosa representada por la tierra en el mundo Inca.

Los solsticios y equinoccios son momentos astronómicos importantes para la humanidad, ya que no sólo nos permiten orientarnos en cuanto a nuestro quehacer, sino que marcan el ritmo de la tierra misma desde sus entrañas. Tomar conocimiento de ellos, y de las estaciones que marcan, nos envuelve en su mismo ritmo.

El calendario lunar, a su vez, lee estos momentos, los momentos de la luna, y su relación con el sol. Si aún no conocen de cerca el calendario del cielo, lo más importante para conectar con él es que estemos abiertos a observar y contemplar, así de simple. Mirar al cielo cada noche y admirar la forma de la luna, que se renueva cada mes. Un año solar, es la tierra dando una vuelta completa al sol. En ese año caben 13 lunas, donde cada una recibe un nombre especial de acuerdo a los tiempos que vive la tierra.

 

 

El inicio de este año es en el Solsticio de Invierno, y se celebra como año nuevo original en los pueblos de todo el mundo desde tiempos inmemoriales. Puedes leer nuestro primer artículo aquí, ya que justamente, Andes Guardianes nació el día del Solsticio de Invierno. Ese Solsticio, que alberga la noche más larga, da origen a la primera luna del año. Cada lunación o ciclo lunar, es cuando la luna completa su tránsito por sus cuatro fases: nueva, creciente, llena, menguante, y todo denuevo. Por eso, los antiguos conocían tan bien las estaciones, siembras y cosechas, porque de la mano de la luna y el sol, iban viviendo al pulso de la tierra y sus bondades.

Así, con 4 estaciones, 4 lunas, vemos como el tiempo es circular. Atravesamos ciclos, vivimos la transformación, y volvemos al inicio. Todos somos uno, la tierra y sus habitantes. Todos recorremos el camino. Ahó, feliz solsticio.

 

Nada pasa en la naturaleza viviente que no esté articulado con el todo”

– W. Goethe