Hoy quiero compartir con ustedes algo muy personal, que es mi historia. La historia de cómo llegué hasta acá, cómo surgió este blog, todo lo que pasó entremedio, y todo lo que me hace ser quién soy. A veces me escondo en redes sociales, trato de no aparecer como persona porque me hace sentir un poco muy vulnerable o expuesta a críticas, pero quiero que este lugar, los Andes Guardianes, sea un lugar seguro, un lugar de amor, donde todos podamos aprender sin juicios, donde todos podamos expresarnos, donde queden fuera los comentarios con mala intención, o con mala energía. Y para eso, quiero partir por contar esto, dejar que me conozcan un poco más (aunque muchos de ustedes ya me conocen en persona), y compartir lugares comunes y situaciones que puede que ustedes también estén transitando, y puedan apoyarse en mi experiencia para seguir su camino.

Pueden ir a buscar un tecito, porque esta es una historia y la quiero contar con calma.

Hace ya varios años (10, para ser exactos) había salido recién del colegio, me vine sola a Santiago a vivir con amigas, y dejé atrás la casa de mis papás con las ganas de entrar a estudiar a la universidad, y también, con las ganas de tener algo que había sido esquivo para mí: la salud. Quería dejar atrás no solo una ciudad chica, sino que un montón de recuerdos de haber estado siempre enferma de algo, o bronquitis, o el estómago, o neumonía, sinusitis, etc. No eran cosas graves, pero sí eran recurrentes.

Durante mi época de colegio siempre me consideré una niña normal, llegado su tiempo carretié harto, tuve un pololo, fui a la playa sin papás y todas esas cosas que parecen “ideales” a esa edad. Entrenaba harto, estaba en el equipo de danza contemporánea, ballet, y gimnasia rítmica. Pero todo eso siempre se vio opacado porque era enfermiza, me decían “merengue” en mi casa. Tenía que faltar a una presentación por tendinitis. Me perdía una competencia por neumonía. Iba a un paseo de curso a las termas de chillan y no me podía bañar por bronquitis. No quería seguir así, quería estar bien, pero no sabía cómo.

 

Entrenaba lesionada y no me importaba mucho cuidarme 🙁

 

Me gradué demasiado bronceada porque iba al solarium en cuarto medio

 

Partí por buscar soluciones a mi problema más recurrente: mi estómago. Al menos dos veces al mes me enfermaba tanto que tenía que ir al hospital, vomitaba sin parar, se me partía la cabeza y pensaba que me iba a morir, sin exagerar. Dormía en el baño. Los médicos me decían que no tenía nada, que era sólo “colon irritable” y que mejor me acostumbrara. Ya en santiago, buscando información en internet, llegué de alguna manera al veganismo, donde decían que los productos de origen animal causaban problemas éticos y de salud. Dejé las carnes, embutidos, mariscos, etc. Me sentí mucho mejor, empecé a leer más, y al mismo tiempo, me empecé a aislar un poquito.

Era el año 2009, no se sabía casi nada sobre veganismo, ser “sano” no estaba tan “de moda” como ahora, y sentía que nadie me daba tregua. Después de vivir súper enferma, por fin me sentía mucho mejor, me estaba enfermando considerablemente menos, y en las reuniones sociales con amigos, familia, etc, me costaba encajar. Me costaba recibir las bromas. Me costaba comer siempre el “acompañamiento”. Dejé de salir por un buen rato y me dediqué a leer más y más, porque quería mejorarme 100%. Ese año dejé los lácteos, y sentí que me mejoraba por completo. Años más tarde sabría que mi problema nunca fue colon, sino una serie de alergias mal diagnosticadas, pero aún faltaba mucho.

El 2010 entré a escribir a un blog llamado Vegetarianos Chile, donde mi trabajo (en paralelo a mis estudios) consistía en probar y probar productos de belleza y de comida que fueran veganos. A veces subía esto a mis redes sociales y peleaba con la gente. En esta época hubo mucho conflicto. Personas de mi círculo social (con quienes ya no hablo) seguían riéndose de todo lo que hacía, mi familia seguía en una posición de “ya se le va a quitar”, y yo, porfiada, compartía más y más info. Iba a todos los eventos que me invitaban, marcas cruelty free hechas con petróleo, ferias con comida que no sé si hoy llamaría comida. Todo lo que entrara bajo el paraguas “sin carne sin lácteos” era mi prioridad.

Compraba más productos, escribía más reviews, comía y comía más chatarra vegana. Empecé a hacer versión veg de lo que se te ocurriera, desde pie de limón hasta hot dogs. Muchísima margarina, azúcar flor, y soya. Y cada día me sentía peor, conmigo, con mi salud, y con las personas. Aquí les dejo una foto de un cumpleaños, donde no hubo torta para mi, porque no encontrábamos algo que “pudiera comer” (por lo vegano) así que usamos queques y galletas Dindon que eran veganas. Al día siguiente me sentía tan cansada y “enferma” físicamente, que nisiquiera salí a recorrer (estábamos en la playa). Me quedé dentro de la casa comiendo más dulces.

 

 

En algún momento, después de un periodo súper triste donde terminé por un tiempo con mi compañero, decidí rearmarme. Fue necesario “tocar fondo”, o sentir que este momento era el peor de los peores. Me llegó de golpe una madurez que no sé de donde salió, y entendí que para estar bien con el mundo, primero tenía que estar bien conmigo misma. En esa época estaba leyendo un libro llamado “El libro tibetano de la vida y la muerte”. No sé si el libro me abrió los ojos. No sé si mis clases de psicología transpersonal me abrieron los ojos. No sé si el yoga me abrió el corazón. Creo que fue la suma de toda esa luz y oscuridad, que resultó en un gran momento de crecimiento personal.

 

Celebré mi cumpleaños número 21 en playa del Carmen en un Mr Forg, donde me comí las papitas y verduras del plato de mi hermana y sorbí un tequila de fruta. Pasé un poquito de hambre en el viaje, mis papás creían que el “veganismo” era una mezcla de maña y dieta para adelgazar. Yo aún no entendía muy bien que no estaba “mal” comer más cantidad de frutas y vegetales. Pasaba el hambre comiendo galletas y dulces que no tenían lácteos. Leía cuidadosamente todos los envases.

Respecto a la salud, seguía con algunas molestias asociadas a estilo de vida, y sistema inmune debilitado. Tomaba mucho café y tenía jaquecas seguido, subía y bajaba de peso dependiendo de qué tantos dulces comiera, pero empecé a ser menos dura conmigo misma. El cambio estaba empezando y no iba a ser de la noche a la mañana. Lentamente, empecé a ser feliz con menos. Comprar menos ropa, comprar menos cosméticos, necesitar menos productos. Como escribía en la sección ‘belleza’ partí por dejar de usar mucho maquillaje y empezar a sanar mi piel desde adentro, comiendo mejor y usando productos naturales.

Pasó el tiempo, y comer más frutas y verduras fue cada vez más fácil. Vi a Fully Raw Kristina en youtube y le perdí el “miedo” a comer fruta (la gente siempre te dice que hace mal, por alguna razón, o que las verduras hinchan jaja). Empecé a construir una relación sana con la comida, empecé a integrar a mis amigos y familia desde un lugar mucho más positivo. Empecé a compartir todo esto en Instagram, y ahí llegaron ustedes, y todo creció muy rápido. Si van a las fotos más antiguas, se van a dar cuenta que mi “insta” nunca fue creado con intenciones de compartir inspiración ni contenidos, era sólo una cuenta personal, normal, con fotos de vacaciones, y de la vida normal. Pero poco a poco, las personas empezaron a notar este cambio, y se fueron sumando, empezaron a acompañarme en mi camino.

Ahora, mi cuenta de instagram sigue siendo una cuenta personal, “normal”. Comparto fotos de lo que me gusta, fotos mías, fotos de vacaciones, fotos de mi trabajo. En mi instagram difícilmente me encontrarán compartiendo recetas, porque no es a lo que me dedico. No soy embajadora de nada porque no me siento cómoda con eso. Pero vi que lo que estaba compartiendo, a muchas personas las motivaba, las ayudaba a dar un paso necesario en sus vidas, un paso en una dirección más feliz.

 

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El paso definitivo hacia lo que hago hoy, lo di cuando dejé mi primer trabajo estable: Starbucks. Suena raro! pero amaba mi trabajo. Lo tomé cuando aún era estudiante, mientras terminaba mi último año y la práctica. Amaba el olor del café, tomaba leche de soya todos los días y probaba todos los syrup con mucha azúcar jajajaja. Al final del día me comía la ensalada vegetariana y me decía que más adelante estaría en un ambiente más propicio, que no me presionara tanto. Siempre me hablo a mi misma.

Cuando terminé ahí y entré a mi primer trabajo a tiempo completo, di el paso. Era el año 2013 y yo me tomaba mi primer jugo verde. Lo pueden ver aquí, y pueden ver también como se seguían riendo de mi en los comentarios, pero ahora yo me lo tomaba con un poco más de humor. Trabajar me dio un poco más de libertad, tanto de tiempo como económica, y empecé a preparar mis comidas, y entrar de lleno en el mundo natural. Ese año cambió todo, desde la cosmética, la alimentación, la ropa, entendí que todo podía ser mucho más amable con el planeta, y empecé lentamente a tomar opciones más “conscientes”.

El verano del 2014 me dediqué a ser crudivegana y nunca en mi vida me había sentido tan bien. Con esa experiencia, entendí de manera fáctica que lo que ponemos en nuestro cuerpo cambia todo. Lo dejé por frío jajajaja soy súper friolenta, pero ahora que ya tenía más o menos dominado el sentirme bien, saber qué elegir, qué comprar, y cómo preparar todas mis comidas, me podía enfocar en lo que realmente quería, sanarme en serio. Y digo “dominado” el sentirme bien, porque es muy distinto para cada persona, no hay una receta universal, y yo nunca les diré qué hacer por lo mismo.

 

🌟 #NewYearsResolutions 🌟 Sign up for #21FullyRawChallenge! With @fullyrawkristina Give an oportunity to this abundance lifestyle, full of health, wellbeing, love and respect. You're gonna feel the results and be amazed on what raw food can do for your body, mind and soul. Sigan el desafío de @fullyrawkristina #21FullyRawChallenge !! Dale una oportunidad a este estilo de vida de abundancia, lleno de salud, bienestar, amor y respeto. Vas a sentir los resultados y te vas a sorprender con los cambios positivos que una alimentación cruda entrega para tu mente, cuerpo y alma. Es rico desayunar pan calentito con café, pero la sensación de pesadez, falta de concentración, somnolencia, dolor estomacal y sobrepeso o malnutrición son consecuencias claras de una alimentación poco natural, que estemos acostumbrados a comer así no quiere decir que sea normal! Yo rara vez aconsejo a la gente que hacer, sólo muestro lo que funciona bien para mi, pero esta es una buena oportunidad para que se acerquen a una alimentación natural y descubran sus beneficios, elimina el cansancio, los dolores de cabeza, los malestares estomacales, llénate de energía y salud alimentándote con comida real, con nutrientes de verdad. @fullyrawkristina propone el #21FullyRawChallenge como un punto de partida, un paso a la vez donde nos va a acompañar con un video diario y recetas para empezar una nueva vida. Si estas recién conociendo que hay otras alternativas a la dieta cagate-de-hambre-y-llénate-de-sodio de los nutricionistas, puedes empezar con 1 comida 100% cruda al día, y ya vas a ver como necesitas cada vez más! #raw #rawfood #fullyraw #challenge #vegan #fruit #breakfast #health

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Adelanto el tiempo. Estaba muy feliz, tuve un trabajo muy entretenido que me llevó a estudiar en Sao Paulo casi por un mes, y a Miami gracias a una campaña de fotos, abrí un pequeño blog/bitácora donde guardar mis ideas, entendí eso de your vibe attracts your tribe, mi nueva vibra atrajo una nueva tribu de personas positivas, y con el pasar de los meses llegué a un trabajo que me marcó, donde aprendí muchísimo, y empecé realmente a escuchar lo que mi cuerpo necesitaba. El 2015 entré a trabajar a una tienda de productos naturales, aún joven, 25 años, pero como una persona con experiencia en el rubro de lo natural / saludable, y con experiencia en redes sociales.

 

 

En ese trabajo aprendí muchísimo sobre mí, sobre el mundo, sobre medio ambiente, sobre salud. Hice uno de mis proyectos laborales más grandes, levanté las redes sociales y el blog con contenidos sobre vida natural, traduje páginas y páginas de información, reseñé libros y productos, afiné mi criterio sobre qué elegir, e incluso di pasos en la enseñanza, siendo ayudante y asistente de talleres de alimentación natural, participé en algunas charlas y conferencias también, como en MCA en Estación Mapocho, y la Feria de la Revista Mujer.

Ese trabajo fue mi gran escuela, y la compañía que tuve mientras estuve ahí, me abrió la cabeza para pensar aún más afuera de la caja, y comprender muchas cosas, pero por sobre todo, que cada cuerpo es distinto, que cada persona necesita cosas diferentes, y que la única manera de averiguarlo es nunca dejar de estudiar, y siempre estar atentos a las señales que nuestro cuerpo nos envía.

Entre todas las cosas que aprendí, reconocí algunas señales en mi cuerpo que me tenían preocupada, que indicaban que algo andaba mal con mi sistema inmune, y con mi digestión, a pesar de sentirme súper bien en comparación con mi infancia, seguía enfermando más o menos seguido de cosas relacionadas al estómago. Ya no llegaba a urgencias como antes, pero a veces pasaba una mala noche, a veces sangraba, y me asustaba. Empecé a estudiar todo lo que pude sobre inmunidad, microbios, probióticos, etc. Y llegue a la conclusión de que me convendría visitar un gastroenterólogo con experiencia. Resultado, me pidió exámenes para alergias y sensibilidades alimentarias, todas de origen autoinmune. Aquí fue cuando descubrí mi sensibilidad a los lácteos, al maní (incluso trazas) y a los huevos y crustáceos. Los empecé a evitar activamente, y santo remedio, remitieron todos mis síntomas.

 

 

Si bien los últimos años no había sufrido casi nada de problemas de salud como los de antes, sí estaba enfrentando mi herida más profunda, estaba conociendo la causa de todos mis desequilibrios: mi sistema inmune, y la relación con el estrés. Bajé conocimientos, y conecté con recuerdos, mi mamá usando mucho cloro en todo, tomando antibióticos varias veces al año, una infancia estéril e higiénica. Y ahora, de adulta, quiebres inmunitarios recurrentes, fatiga, y una importante tendencia al estrés. Asumí que venía lo más difícil y estudié como nunca.

En este contexto, hice un curso intensivo sobre plantas medicinales. Conocí personas hermosas y además de aprender muchísimo sobre herbolaria, aprendí a escuchar realmente mi cuerpo, aprendí a distinguir antojo de ansiedad, aprendí algo nunca antes visto: desmantelar esa ansiedad y escuchar realmente qué la causa. Y así con todo. Escuchando a las plantas aprendí a escuchar lo no dicho de mi cuerpo y de mi mente. Conocí la obra de uno de mis maestros más respetados, Manuel Lezaeta, estudié su doctrina natural, y empecé a conectar todo.

Me preparé mental, emocional y físicamente para enfrentar todo lo que hasta ahora no había querido enfrentar. Me preparé para realmente dejar de ser tan autoexigente, dejar de hacer 500 cosas a la vez, dejar de estar tan orientada a las metas y los resultados, aprender a descansar, a dormir hasta tarde, a flojear, a pasarlo bien, y a cuidarme, por sobre todo, y con todas sus implicancias. Si había que cancelar una reunión, se cancela. Si había que posponer una cita, se pospone. Cumplir los “urgente” de los demás no será más prioridad por sobre mi “importante”.

Año 2017. Me permití tener 2 semanas de vacaciones con quienes más amo: mis hermanas, cosa que no hacía desde que estaba en cuarto año de la universidad (sí, di el título trabajando y desde entonces salté de un trabajo a otro, con apenas 5 días de vacaciones al año). Renuncié a mi trabajo estable y decidí ser freelance, trabajar desde mi casa, y por proyectos. Estoy aprendiendo a lidiar con el miedo y la ansiedad de la inestabilidad económica, y también aprendiendo a descansar. Estoy aprendiendo a ser flexible.

 

🌲💦 @nashrds @catards_

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Estoy siguiendo mi sueño. A penas renuncié me puse de cabeza a montar este blog, tenía todo en mi imaginación, pero Cristóbal (mi compañero, desde que lo conocí el año 2008 nunca ha habido un día en que no me haya ayudado) me dio el empujón que necesitaba para hacerlo realidad. Para hacer clases los fines de semana. Para enfrentar todo. Cristóbal es uno de mis ídolos, es independiente, es dueño de casa (aunque aquí mando yo jajaja), sabe descansar, sabe pasarlo bien, sabe ser exigente, y sabe equivocarse y arreglarlo.

Andes Guardianes es un nombre que elegí por dos cosas: lo primero, es lo que significa para mí nacer a los pies de los Andes, todo latinoamérica protegida por la misma madre; y lo segundo, es lo que quería transmitir con este lugar, no es un blog de recetas, no es un blog de alimentación consciente, es realmente un lugar al resguardo de los juicios, un lugar de aprendizaje y expresión, un lugar de cuidado, un lugar que nos hace bien.

Este lugar nace ante la necesidad de escribir más y mejor, ya que sentía que después de todo lo aprendido, tenía mucho que compartir. Al mismo tiempo creamos un instagram, donde vamos compartiendo algunas imágenes, y nos sirve para conectar más de cerca con ustedes. La idea de esto, es recoger todo eso que aprendí a la fuerza y a punta de porrazo, para que ustedes puedan leer en profundidad y seguir su búsqueda de conocimiento en otros lugares, como libros y estudios.

El foco de Andes Guardianes es compartir información para que cada persona pueda trabajar por su bienestar. Para que todos tengan un lugar seguro donde apoyarse en este camino de cambio y transformación. Por alguna razón, los post más leídos de este blog tienen relación con la comida, pero si se fijan, esa es mi menor preocupación. Mis secciones regalonas son Inspiración, y Vida Verde, pero como creo en el balance, acá encontrarán de todo un poco.

Al final del día, me di cuenta que para mí, comer sano era una excusa para poder decir “me cuido, me preocupo de mí”. Este año me enfrenté a decisiones vitales que me aterraban, y aquí estoy, dando cara. Fue un invierno difícil, fue como si mi cuerpo dijera “ah, vas a descansar? entonces te vas a enfermar de todo ahora, porque antes no tenías tiempo”.

El ritmo me pasó la cuenta. De tener 4 trabajos paralelos, 12 hr al día, 7 días a la semana, pasé a estar en mi casa mordiéndome las uñas frente a los mails. Me enfermé de todo lo que no me había enfermado en sólo dos meses. Junio y julio en cama. Incluye episodios que los médicos llaman “autoinmune”, donde tu cuerpo se ataca a sí mismo. A punta de tintura madre, hierbas, y visitas al hospital, todo pasó.

En Agosto, inicié el modo “sanación y recuperación de emergencia” con todo, y cuando digo con todo, créanme, es con todo. Me puse las pilas más que nunca, y con la ayuda de un profesional, estoy intentando elegir alimentos no sólo naturales, sino que cosas más específicas que me ayuden a mejorar mis áreas de conflicto. Recuperé muy rápido mi energía, y sigo sagradamente cada indicación en mi protocolo, cada vitamina, cada descanso. Parte de esto también ha sido cultivar la espiritualidad, el autoconocimiento. Más que prender un incienso y tomarse todas las vitaminas, es cuidar la mente como un órgano más.

 

 

Por eso mismo, empezarán a ver recetas un poco diferentes en youtube, más “puras” y menos “chanchitas” que otras, pero es parte del proceso. También van a ver muchas “guías” de cuidados naturales en el blog, ya hay una arriba, la de cuidado menstrual. Esta semana recibí mis exámenes de sangre, y todo está significativamente mejor que en mi período de mayor estrés, donde a penas podía comer, había bajado demasiado de peso (producto del estrés) y me sentía débil, pero hoy estoy feliz porque ya estoy recuperando fuerza, incluso, sacando músculo jaja.

Ahora, esperando la primavera, con muchísimo entusiasmo y esperanza, veo como este proyecto llamado Andes Guardianes ya tiene vida propia. Miro llena de amor las 87 personas que hay hoy en el grupo de Facebook de nuestros talleres, todos han venido y han compartido su historia, todos han aprendido algo, y me han enseñado algo. Miro los ebooks en los que estoy trabajando, y me alegra estar acercándome a este ritmo de descansar y progresar.

Me siento más fuerte en todo sentido, porque aprendí que la salud es mucho más que no enfermarse. Entendí que cuando hablamos de mente, cuerpo y espíritu realmente es hacia allá donde deben apuntar nuestros esfuerzos, porque somos un todo, no podemos separar nuestro ser en 3 esferas.

 

 

Lo bueno de todo esto, o el lado positivo que yo quiero sacar al menos, es que todo lo que he aprendido, y todo lo que estoy poniendo en práctica, ya está aquí! lo comparto a través de este blog, a través de los videos en youtube, y a través de mis fotos, todo lo comparto con ustedes. Lo diseño en forma de clases para los que quieran aprender aún más. Desde mi profesión (soy psicóloga), intento que cada día las personas puedan vivir mejor y no se enfermen! que se sientan bien y no tengan que llegar al consultorio. Como la mente y las emociones no pueden ser separadas del cuerpo, intento abarcarlo holísticamente, ya que somos un todo.

Ahora viene algo mucho más emocionante. Sólo algunos amigos cercanos saben, pero una de las razones por las que quería tener listo este blog, los encuentros, los talleres, y todo dentro de este año, es para poder estar en contacto, porque este verano -si todo sale bien- dejaré Chile por un tiempo. No les puedo contar más por ahora, y espero que todo fluya como tenga que fluir, y me encuentre pronto en una nueva aventura, enfrentándola de la mejor manera posible.

Muchísimas gracias por darse el tiempo de querer conocerme y leer hasta acá. Ahora quiero conocer tu historia. Si alguno de nuestros talleres te llama la atención, inscríbete y juntémonos. Todos tienen un ambiente mágico, donde aprendemos mucho más que lo que dice el programa, lo prometo. Si no te aguantas, cuéntame en los comentarios cómo ha sido tu proceso.

 

Bendiciones.