Viajar es para nosotros descubrir. Viajar es una experiencia que vivimos desde lo cotidiano, habitando cada lugar que nos recibe, y participando de las tradiciones y costumbres que rodean a quienes allí habitan.

Nos gusta ver a las personas, participar de su día a día, comprender sus labores y oficios, y cómo estos se insertan en el territorio que pueblan. Conocimos así familias enteras que se dedican a la minería y a la energía en el norte, a gente del mar donde el sustento está en la actividad del puerto, a gente de la Patagonia que cultiva prácticas muy antiguas, como los gauchos, mariscadores y pirquineros. Conocimos machis, tejedoras, alfareras.

Para nosotros viajar es conocer el corazón de cada lugar, ese espíritu colectivo que una ciudad deja ver a través de sus colores, su ritmo y su gente. Viajar es conocer los puntos en común que tiene cada pedacito de este territorio coronado por Los Andes, compartir historias, recuerdos. Viajar es ver que en este continente Andino no entendemos de fronteras, transitamos por la tierra entera, hablando con distintos acentos y distintas palabras todos un mismo idioma.

Este año conocimos muchos rincones de Chile, siempre intencionado y manifestando un ritmo lento, como la vida que queremos: mañanas tranquilas, recibiendo los rayos de sol, días recorriendo y conociendo, abiertos a escuchar las historias de quienes se cruzan en nuestro camino. Noches con un ritual muy importante: es sagrado prender la cocinilla, preparar una tabla con frutos secos, y cocinar con productos de la zona. Muchas veces compartimos una fogata, una estufa a leña, pasamos el calor en una hamaca, o simplemente nos acurrucamos junto al sonido del agua y esperamos que bajara el sol.

En este proceso de recorrer, fue fundamental dar sentido a esta vida nómade que es vivir de viaje, y abrazar cada lugar que nos recibe de noche como un hogar auténtico, un lugar que se habita y un lugar que se agradece. El hogar es donde elegimos estar, aunque cambie cada día, el hogar es donde se comparte, donde se recibe cariño y se entrega amistad.

Dentro de nuestra experiencia hasta el momento, -donde hemos vivido de viaje todo el último año- creemos que lo más difícil es al mismo tiempo lo más fácil. Fluir. Hacer caso a la intuición, y buscar, por sobre todo, lugares que estén alineados con nuestro estilo de vida, y con las experiencias que buscamos vivir.

Es por esto que no visitamos hoteles -menos de lujo- ni lodges, ni experiencias de turismo ligadas a valores que no resuenan con nosotros. No nos cerramos a estas posibilidades, pero conocer el Territorio que habitamos habla de un viaje por el cotidiano de las personas.

Es en este contexto que una de las mayores herramientas para quienes vivimos en un constante viaje, es una aplicación llamada Airbnb. Esta app ofrece acceso a una red de personas que reciben a viajeros en su hogar, pero ojo, que aquí hay de todo: desde cabañas de lujo que decidieron ofrecer sus servicios acá, pasando por casonas históricas, hasta hogares donde eres uno más de la familia. Este último tipo de hospedaje es el que más nos ha gustado, y nos ha permitido conocer personas con quienes ir compartiendo y generando lazos a través del tiempo.

Algunas ventajas de usar esta app para buscar alojamiento, es que normalmente encontramos hospedaje mucho más económico que el precio de los hostales de la zona, y al mismo tiempo, pasamos una estadía más tranquila en el lugar, compartiendo con los dueños de casa y quizás otro huésped, mientras que en hostales suele estar lleno. A nosotros nos gustan más los espacios de ambiente tranquilo y familiar, donde podamos estar a nuestro ritmo.

Algo que nos gusta mucho es que si sabes buscar bien, encontrarás un lugar muy bonito y acogedor, por un valor promedio de $6.000 a $8.000 pesos por persona. En Airbnb podemos no sólo pasar la noche (como ocurre a veces en los hospedajes), sino que nos quedamos en lugares donde podamos llegar en horario flexible (dependiendo desde donde vengamos viajando, esto puede ser muy temprano o a última hora en la noche), tenemos una habitación privada -mientras que en un hostel el valor regular de la habitación compartida es $10.000-, y podemos usar la cocina para preparar con calma nuestro desayuno y la cena, dos rituales sagrados que le dan constancia a nuestro cotidiano.

Hablemos de lugares? Cerca de Bahía Inglesa, nos quedamos en la cabaña de una joven pareja argentina – chilena, dedicada al surf y al diseño. Su hogar estaba construido con materiales recuperados de anticuarios y de otras casas, a pasos de la playa, y cada día en la noche jugábamos con las dos cachorritas que había en la terraza de madera, recibiendo los últimos rayos de Sol con un mate calientito.

En Caleta Hornos nos recibió el dueño de casa, quien había vivido toda su vida cerca Del Mar, nos habló de ballenas, pingüinos, embarcaciones, y parapente. Adivinan donde terminamos? Volando por las dunas junto a Parapente Yanay, instructor que conocimos simplemente paseando por la playa al atardecer, y que nos ofreció un vuelo ya que estaba practicando junto a sus amigos.

En Vicuña, mágico valle de Elqui, nos recibió en su hogar un escritor, dueño de una tienda de libros, ex director de escuela y alcalde. Jugó con la Kali -nuestra cachorrita- y nos recomendó los mejores lugares para visitar y comer mientras estuviéramos en su hogar.

Verano en Pucón, llegamos a una cabaña oculta en el bosque, donde vive una pareja alemana – chilena, ambos son guías de rafting y canyoning, y nos reciben en su casita compartiendo una cena con nosotros. En las mañanas, nos dejan fruta, jugos, café y cereal sobre la mesa, junto a una notita de agradecimiento.

Puerto Montt, llegamos cansados una tarde de lluvia, y dos hermanos infinitamente amables comparten la hora del té con nosotros. Hicimos una mítica leche con plátano y bromeamos con acompañarla con choripán, como hacen en Punta Arenas. Afortunadamente la oferta queda solo en bromas, pasamos un par de días muy tranquilos, y seguimos nuestro camino.

Si bien no siempre usamos Airbnb para buscar un lugar donde quedarnos -nuestra principal opción es camping, para aprovechar la temporada veraniega y pasar más tiempo al aire libre-, hay ciudades donde es difícil encontrar, donde necesitamos estar más cerca del centro, o a veces simplemente tenemos ganas de descansar en una cama recién hecha y compartir con nuevas personas, que potencialmente se vuelven tus amigos.

Esperamos que te animes a viajar de manera diferente, y conocer una nueva perspectiva de cada lugar que visitas. Ya sea apoyando el comercio local al preferir comprar tus productos a artesanos de la zona en lugar de grandes cadenas, cuidando y respetando la tierra, teniendo un ritmo de viaje más pausado, y buscando guías y conocedores locales en lugar de agencias donde la experiencia no suele ser tan personal y cercana.

Si quieres probar Airbnb puedes aprovechar un pequeño descuento que tenemos para entregar, es $24.000 pesos gratis en tu primera reserva al iniciar sesión haciendo clic aquí. Varios amigos y también lectores de Andes nos han pedido este link de descuento durante el verano, así que lo dejaremos aquí para que esté fácilmente accesible.