Cruzando la costa por el camino que une a Valdivia y Niebla, bordeando cerros y siguiendo las olas, nos encaminamos por la cordillera de la costa hacia el corazón de la Selva Valdiviana. Por el camino de tierra que conduce al Parque Oncol, se asoma el cartel macizo de madera que anuncia nuestra llegada a Pilunkura, la reserva privada dedicada a la conservación y protección del bosque nativo aledaño al poblado de Curiñanco.

Entramos a la Reserva, y el olor al melí, al canelo y al mañío inunda la brisa que corre fuerte por los cerros. Las nubes pasan raudas sobre nuestras cabezas en dirección al interior, llevando consigo la camanchaca que pronto cubrirá de humedad todo lo que conquista.

Las puertas de la cafetería Latué se abren, y nos recibe don Pascual Alba, un hombre robusto, con el pelo canoso y revuelto bajo el sombrero gaucho, el rostro marcado por el sol y el viento de la costa, y una sonrisa amplia que lo ilumina mientras nos saluda. Don Pascual nos invita a conocer su taller de tallado en maderas caídas que recolecta del bosque, y luego pasamos a la cafetería donde conocemos al resto del equipo y la cocina de recolección.

Pascual Alba es el propietario de más de 110 hectáreas de bosque nativo en la Selva Valdiviana, y por el contrario de muchos otros poseedores de predios, hace varios años decidió dar un giro en el negocio -también en su vida- y en lugar de dedicar esas tierras a la producción de leña y maderas, decidió conservar. Así fue como creó la Reserva Pilunkura, donde hoy junto a su familia se dedica a proteger las especies nativas del lugar, rescatar oficios y usos tradicionales de los productos del bosque, tanto madereros como no madereros, generando así nuevas oportunidades en gastronomía, turismo, y educación en torno al bosque.

En este lugar mágico, tuvimos el honor de pasar todo un fin de semana rodeados de un grupo de personas increíbles, sin conexión a internet, pero conectados desde lo más profundo con el reino vegetal y la selva, reunidos todos con un sentimiento común: conocer de cerca el Bosque Nativo y aprender los saberes que se desarrollan en torno a él.

Esto y más fue el Encuentro Bosque Nativo -que pueden conocer en Instagram como @encuentrobosquenativo – una instancia de aprendizaje, de compartir, de asombro y de conexión. En su primera versión, organizado por Marianne Meier, tintorera natural de oficio que desarrolla su labor bajo el reconocido emprendimiento Mahila Textil -@mahilatextil en Instagram- y el equipo de la Reserva Pilunkura, encabezado por Pascual Alba y Tania Maldonado, encargados de la reserva y la cafetería Latué respectivamente, junto a la participación de Verónica Briceño, ecóloga y botánica, y Constanza Richards del equipo Andes Guardianes, el Encuentro Bosque Nativo se tejió en torno al concepto de “bosque, medicina y color”, donde un variopinto grupo de asistentes conformado por una doctora en botánica, una psicóloga, una fotógrafa, un arquitecto, una bióloga marina, una ingeniera química e incluso un geólogo – sólo por nombrar algunos ejemplos-, se dedicó a conocer de cerca el bosque en sus diversas aristas, los productos que entrega, y los oficios que en torno a él se desarrollan.

Con una clase de Cocina de Recolección que sacó a relucir los mejores sabores del bosque, y nos permitió conocer una producción sustentable de avellana chilena -@avellanasdepilunkura en Instagram- a cargo de Tania Maldonado, cocinera de oficio en Latué, nuestras papilas se abrieron a sabores nativos, como hojas perfumadas y frutos dulces.

En la clase de botánica gracias a Verónica Briceño, doctora que dedica sus días a investigar vegetación en climas de altura en las montañas de Australia, conocimos la familia botánica de las Myrtáceas y sus propiedades y similitudes, observamos las plantas al microscopio para maravillarnos con sus patrones de geometría sagrada, reconocimos y recolectamos especies nativas y se aprendió a construir un herbario personal para posterior estudio.

En el taller de tintes naturales junto a Marianne de Mahila Textil, conocimos de cerca el proceso de extracción de color a partir de frutos de maqui y murta, y de hojas de Canelo y Pillo Pillo, para luego aplicar este tinte natural a la lana de oveja hilada a mano por tejedoras e hilanderías locales de la zona rural de Valdivia.

En el taller de Medicina del Bosque de Andes Guardianes, revisamos las principales medicinas que se pueden elaborar de manera artesanal, y se repasó un conjunto de plantas nativas con propiedades medicinales y sus usos en la tradición rural de la zona sur.

Todos estos nuevos saberes fueron acompañados de pausadas caminatas por los senderos de la Reserva, siempre al ritmo de Pascual Alba y sus historias, relatos de cientos de años, anécdotas, y mucho conocimiento botánico forjado a pulso, de manera autodidacta; saberes que sólo se revelan a quien observa en profundidad y quien sabe escuchar al bosque y su gente, como lo hace don Pascual.

Nos despedimos de este grupo y de la energía que se generó, las sonrisas, los abrazos, y las historias que quedarán entre las cálidas murallas de Latué, llenos de gratitud hacia todas las personas que permiten que estas instancias existan y sean posibles. Gracias a Marianne por tan hermosa y sincrónica gestión, gracias a don Pascual por tanta generosidad en su trabajo de conservación, gracias a Tania y su equipo por el cariño y la dedicación en cada bocado delicioso de comida sureña preparada a mano, gracias a Verónica por despertar el asombro en cada uno de los presentes, y gracias a todo el grupo por su participación, por creer en este encuentro y compartir este conocimiento valioso con la comunidad.