Este fin de semana, mis amigas ambientalistas Camila (@nomedalomismo) y Bruna (@bruna.g.k) me invitaron por redes sociales a participar del desafío #CocinaBasuraCero, propuesta impulsada por Fran Lucero de @vidasustentablechile, donde llama a las personas a sumarse a este reto sustentable, y compartir una comida donde se minimiza al máximo la cantidad de residuos generados, y se gestionan adecuadamente los que sí se generan.

Cocinar es un ritual de cada día, comemos al menos 3 veces al día, todos los días. Al ser un hábito ineludible, la alimentación y las prácticas que la rodean es un excelente lugar para empezar a re pensar, re evaluar y cuestionar nuestros hábitos, los desechos que generamos y cómo los gestionamos. Imagínense la cantidad de desechos que se generan si comemos en envases desechables en cada comida. Ahora imagínense la cantidad de desechos que se podrían evitar si todxs eliminamos al menos un ítem desechable de una comida al día. Sumar y sacar la cuenta: al menos 365 envases menos en un año.

Como bien lo explicó Bruna -Ingeniera Agrónoma, parte del equipo de la nueva cátedra de Sustentabilidad en la PUC-,  al participar del desafío, “La idea es poder mostrar lo fácil que es cocinar sin generar residuos que no se puedan gestionar apropiadamente (reutilizar, compostar y reciclar). Nuestros mejores aliados en esto es la primera R: Rechazar productos con envases redundantes y que serán basura, la compra a granel, utilizar bolsas, frascos y potes reutilizables para desechar envases de un solo uso.”

 

View this post on Instagram

Hace unos días @fackel_ me nominó para participar en el desafío #cocinabasuracero que @vidasustentablechile nos trajo en esta nueva versión 😎 . La idea es poder mostrar lo fácil que es cocinar sin generar residuos que no se puedan gestionar apropiadamente (reutilizar, compostar y reciclar). Nuestros mejores aliados en esto es la primera R: Rechazar productos con envases redundantes y que serán basura, la compra a granel, utilizar bolsas, frascos y potes reutilizables para desechar envases de un solo uso. Para aquellos “inevitables” se debe preferir materiales que SI SE RECICLEN en nuestra localidad 👌🏼 (Ojo con los tipos de plásticos 👀) . En la foto se ven los residuos de un LUMAMI: creatividad aplicada a restos de comidas anteriores, y así también le hago la pelea a la Perdida y Desperdicio de Alimentos 💪🏼⭐️ Pueden verlo deslizando la foto 👉🏼 . Todo se va al maravilloso vermicompostaje con @namuntu.lombriclub (únicos sin bolsa redundante 😉) . La quinoa y arroz basmati los compré a granel en @lanacionalgranel 💖 Los huevos son freerange de @ecoterrafoods que vienen junto con mis verduras de @huellasverdes_coop 💚 locales, estacionales y agroecológicas, excepto los tomates cherrys amarillos que los coseché en el Huerto San Francisco @ucsustentable 😍 . Todo esto es parte de mi rutina y hábitos, nada fue especialmente adquirido para este desafío. Las recomendaciones son libre de sponsor pues son iniciativas y proyectos que apoyamos por pleno convencimiento de estar contribuyendo a mejorar la crisis socioambiental actual 💪🏼🌎 . Anímense! Además es muy entretenido 🤓 . . . . . #sustentabilidad #cocina #homemade #basuracero #zerowaste #sinresiduos

A post shared by Bruna Garretón Karzulovic (@bruna.g.k) on

 

Por otro lado, Camila -activista, blogger, facilitadora de charlas y talleres sobre vida respetuosa y sustentable- nos cuenta en su blog nomedalomismo.com sobre una reflexión muy importante: cuando cuestionamos el envase, y no lo que viene dentro, qué tan profunda es nuestra reflexión? pasa a leer el artículo completo aquí.

 

 

Con todos estos temas dando vueltas, y sumado a que muchas veces las redes sociales nos arrastran a crear ciertos estereotipos y construcciones en torno a un tema, resulta que cuando me “llegó” el desafío entré en mini pánico por un segundo. ¿Qué puedo aportar que no ha sido dicho? ¿Qué puedo decir sobre un tema que me hace tanto ruido últimamente? Viviendo en el sur de Chile por 3 meses, no visito una tienda a granel desde que estuve en Santiago en Noviembre, sólo vi un par de extranjeros viajeros rechazar lo desechable con sus cantimploras de acero y cubiertos de bambú hechos en suecia.

Para ser 100% honesta, me he sentido más bien sola en este viaje de minimizar los residuos lejos de grandes capitales, pero como siempre digo: cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. Siempre que una situación presenta un lado negativo, hay un lado positivo por encontrar, así que reorienté mi enfoque, y desde el consumo residuo cero, ligado a comprar sin empaques en tiendas sustentables, usar utensilios de acero y visitar cafeterías veganas -que es más accesible en ciudades grandes- pasé a la lógica de lo local, que también es un gran aporte a des contaminar nuestras prácticas, y mucho más cercano a mi situación actual: viviendo en una cabañita en un pueblo de montaña donde sólo hay dos “puestos varios”, donde traen fruta en camioneta una vez a la semana, y que está a una hora del pueblo más cercano.

A continuación comparto las recetas y capturas de lo que fue la participación de Andes Guardianes en el desafío #CocinaBasuraCero, y algunas reflexiones que fueron parte del proceso. Gracias por pasar!

 

El desayuno

El menú es bien simple, con los ingredientes que tenemos a mano a diario. Frutas frescas con la avena que compramos por kilo en molienda nuñes o en la vega, leche de nueces, café o chocolate, pan con palta. Panqueques en un día especial, o huevos revueltos con tomate.

Hoy empezamos con avena fermentada. Es avena sometida a una lactofermentación de 36 a 72 hrs, para romper el ácido fítico, aumentar la carga de bacterias beneficiosas, hacerla más digerible, y darle complejidad al sabor. Al fermentar su olor cambia, se forman burbujas que indican vida. Sube la temperatura. Micromundos. Si quieres saber más googlea “Fermented Oats”.

Para iniciar la avena, pongo en un bowl de cerámica 1 taza de avena, 1 taza de agua filtrada, una cucharada de yogurt, revuelvo y dejo reposar tapado por 36 a 72 hr, a temperatura ambiente. Luego puedo sacar de esta avena para comer, y cuando queda poca, incorporar más avena y agua en partes iguales y volver a fermentar con un poco de la mezcla anterior.

 

Para los panqueques

1/2 taza de avena fermentada, escurrir el líquido, no enjuagar

1 plátano maduro, molido

1 huevo de campo 

Mezclar todo en un bowl, y cocer en un sartén -ojalá antiadherente-, cuando empiezan a aparecer las burbujas es tiempo de dar vuelta cada panquequito. Con la avena fermentada quedan mucho más suaves y esponjosos que al usar avena normal o seca. Inténtenlo!

 

Para el pan de avena

Para una receta más rápida, hacemos pancito. En un bowl mezclamos 1/2 taza de avena, sal y un chorrito de agua, se amasa hasta formar bolitas y se aplastan para llevar a cocer a un sartén, solo se tienen que tostar. Este pancito se demora 5 minutos, no es necesario leudar, y se puede usar avena entera o avena molida, no es necesario que esté fermentada. En el campo le dicen ‘churrasca’ a este tipo de pan rápido, pero se hace con harina de trigo, especialmente para las pantrucas.

 

Para la leche de nuez

1 taza de nueces, previamente remojadas por 12 hrs

1 litro de agua filtrada

Lleva tus nueces bien enjuagadas a la juguera o licuadora con un litro de agua, y licúa por unos minutos hasta que se pulverice todo. Luego cuela con la ayuda de un trozo de tela o colador, y guarda refrigerado hasta por 4 días. La fibra que queda en el colador úsala de inmediato para hornear unas galletas fáciles y rápidas añadiendo un poco de azúcar integral y avena.

 

Ahora si

Ahora sí a disfrutar. Pan recién amasado que venden sin bolsa, huevo de campo, palta y frutas compradas en bolsa de tela, leche de nuez hecha en la juguera, donde ya habíamos aprovechado el ‘residuo’ para hacer galletas. Generar menos desechos es muy simple, sólo requiere adaptarse a tus posibilidades.

 

Los desechos

Este desayuno sólo generó desechos orgánicos. Son los más simples de separar al momento de organizar y gestionar nuestros desechos, y al dejar de ponerlos en el ‘basurero normal’, la “basura” de inmediato se ve más limpia y sin olores. El compostaje devuelve nutrientes a la tierra y cierra el ciclo que empieza en la siembra.

 

El desafío

El origen de lo que comemos es en lo posible, local. Los básicos de despensa suelo comprarlos a granel, para tener siempre a mano lo que necesito. El plátano no es local, viaja desde el caribe, pero en cambio las nueces son de un fundo cercano. No sólo el envoltorio y los envases de la comida generan residuos, su transporte también, por eso intentamos equilibrar compras que tienen una alta emisión de contaminantes con otras más amigables: lo local (hecho o cultivado en tu área), el comercio Justo, lo orgánico y lo artesanal siempre suma ♡