Ahora que tengo tu completa atención luego de ese título capcioso, te cuento la verdad: el reciclaje sí es mi última opción, y debería ser la tuya también! Suena confuso? Ahora mismo lo explico muy breve.

En Andes Guardianes ya habíamos hablado sobre las R: Rechaza, Reduce, Recicla, Reutiliza. Puedes leer sobre eso aquí, para conocer cada R en profundidad. Sin embargo, nunca dejaré de recalcar que es MUY importante el orden en que aplicamos las R. Últimamente he pasado mucho tiempo pensando en esto, en cómo explicarlo para que suceda ese “clic” donde una dice “aaahhhh como no lo vi antes! ahora entendí!” así que aquí vamos.

He viso -y quizás ustedes también- que cuando alguien decide hacer “algo bueno” por el plantea, parte por el reciclaje. Cuando en la tele hablan de medio ambiente, muestran el reciclaje. Cuando los políticos quieren “enverdecer” una campaña, ponen un punto de reciclaje. Cuando una marca quiere “enverdecer” su estrategia (ejem… #greenwashing?) hacen una campaña de reciclaje. Y está mal? No, para nada! Pero no es el mejor punto de partida, y si queremos hacer las cosas realmente bien, el reciclaje debiera ser nuestro último recurso.

Imagina ahora, que en todas las casas del mundo todo lo que se puede reciclar, se recicla. Es una utopía según mucha gente, pero imaginémoslo. ¿Cómo sería? Se seguirían talando árboles nativos indiscriminadamente, desde el amazonas hasta el wallmapu, para instalar plantaciones que alimenten el ganado. Las mineras seguirían secando glaciares, las agrícolas secando ríos, y las ganaderas empeorando el efecto invernadero. Los vertederos estarían un poco menos llenos, pero la podredumbre seguiría igual o peor, con todos los desechos orgánicos pudriéndose dentro de bolsas plásticas -pero ojo! que bolsas biodegradables en 10 años, no en mil, es un gran avance del cual estar orgullosxs o no? alarma de sarcasmo-. Las personas seguirían comprando lo de siempre, y llegarían a sus casas con un cerro de envases, envoltorios, folletos, boletas, papelitos y cositas, la diferencia es que en vez de tener tiempo libre al llegar a casa, tienen que darse el tiempo de buscar qué tipo de material es cada envase, separar los desechos, y cada finde llevarlo al punto de reciclaje.

Si todo el mundo reciclara, seguiría habiendo la misma cantidad de desechos, sólo cambiaría en que éstos estarían más ordenados. Quizás, con todo el mundo reciclando, pasaría lo que ocurrió este año en Chile, donde la empreca TriCiclos dejó de recibir Tetrapack durante algún tiempo, porque recibían demasiados! y no daban abasto para procesar todo ese material. Lo que ocurre es muy obvio, y la solución, es -para mí- muy simple: lo que necesitamos es generar MENOS basura, y para eso están las otras R.

Rechaza, reduce, reutiliza, recicla, en ese orden. A estas alturas, esta frase bien podría ser un mantra para que los habitantes de la tierra logremos que nuestros descendientes tengan un lugar donde vivir, no sólo un lugar donde sobrevivir. Hemos hablado de los desastres climáticos que vienen, la hambruna y la destrucción en otros post, que puedes leer aquí. Pero, ¿en qué cambiaría las cosas si la gente aplicara las R en el orden correcto? ¿qué tan importante es hacer una cosa antes que la otra, no era que el orden de los factores no altera el producto?.

Imagina ahora, una ciudad donde todas las personas aplican las R -en la medida de lo posible, ni siquiera en todas sus necesidades!- pero lo hacen en el orden sugerido, que es: Rechaza, Reduce, Reutiliza, Recicla. Las personas rechazarían la mayoría de las cosas que descubrieron que no necesitan! como las servilletas desechables, las bombillas, las 173786382 boletas que te dan en la multitienda, los lácteos, y todas las cosas desechables que entrega el comercio tradicional, desde los envases de arroz de a kilo hasta las cajas de zapatos. El mercado se da cuenta que se está quedando lleno de envases porque la gente no se los lleva! así que deciden hacer la mitad, y se deja de talar la mitad de árboles del planeta, las madereras empiezan a quebrar y deciden cambiar de rubro, ahora hacen papel reciclado, no papel nuevo.

Hay cosas que la gente no puede rechazar, así que empieza a reducir su consumo, a los niños les siguen gustando los dulces, pero las mamás van a tiendas como La nacional granel a comprar chocolates y confitados en frascos, y los papás compran chocolates en envoltorios brillantes sólo como regalo de cumpleaños. Las fábricas de alimentos en envase desechable también empiezan a ver que las ventas bajan, así que empiezan a vender sus productos a granel en los emporios sustentables, los reciben con los brazos abiertos. La gente ahora compra los vizzio por kilo (y yo soy la más feliz, vizzio de chocolate amargo ven a mí! pero sin envase, como en la tienda del Apumanque).

También hay cosas que la gente no puede rechazar ni reducir, así que las reutiliza!

En este hermoso camino por cuidar la tierra, toda la gente de la ciudad aprendió la importancia de reparar. En mi agenda Cielo Sur una vez me salió un papelito que decía “reparar es un acto de amor y rebeldía”. Siempre he reparado las cosas que tengo, porque me gusta cuidarlas. Pero como también me encanta la rebeldía, desde ese día me lo tomé aún más en serio, y ya no sólo reparo mis cosas, sino también las de los demás, lo que alguien va a botar, y lo que venden medio roto.

Después de todo ese cambio de perspectiva, de ver la vida de otra manera, de valorar los objetos, y salir de la lógica desechable, se acuerdan del reciclaje? Bueno, la gente sigue teniendo un par de cosas que reciclar, pero ya no llena la maletera del auto cada fin de semana, sólo una vez al mes, o cada dos meses. Todavía tienen diarios, pero súper poco, porque la gente lo usa para cubrir el papelero del baño o sacar la caquita del perro. Todavía tienen latas de cerveza, pero súper poca, porque empezaron a comprar en vidrio y son retornarles, así las van cambiando por otras nuevas. Todavía tienen envoltorios de papas fritas, pero casi nada, porque casi siempre van a comprar papitas caseras y llevan una fuente grande para rellenarla.

Ya casi no hay envoltorios de cosmética, porque la mayoría descubrió la autogestión y prepara sus pócimas, o tienen a su caserita emprendedora y compran shampoo y bálsamo por litro en los Eco Mercados. Casi no se ven los envases desechables de jugo y bebida, porque la gente entendió que cuidar la tierra es también cuidar su salud, y ya no compran tanta chatarra, mejor se hacen sus juguitos de fruta comprada sin bolsa. Ahora los únicos desechos que quedan en el tarro son los materiales que no se pueden reciclar, y ya casi nadie compra esas cosas como yogurt y papas en tarro, se dieron cuenta que tener un planeta donde vivir es más importante, y mejor las rechazan.

La basura sigue pasando por las casas, pero ahora va un camión especial de desechos orgánicos, que se lleva todas las cáscaras de frutas y verduras hacia las composteras municipales, donde preparan abono para ampliar las áreas verdes de cada comuna. El aire está más limpio, los vertederos se achican poco a poco. Las empresas ven a la población empoderada y no les queda otra que revisar sus prácticas y darle a la gente lo que quiere, pero bien. La gente vive feliz y vive mejor, ya no pasan tanto tiempo vitrineando, y tienen más momentos para disfrutar lo que siempre quisieron hacer, cocinar algo rico, salir a pasear, estar con la familia y los amigos. La tierra empieza a sanarse, y el planeta nos abraza de vuelta cada día.

 

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