Chile es el único país en el mundo en el que el agua está privatizada. Este recurso natural -un derecho de la humanidad- se ha entregado en concesión a distintas empresas para su aprovechamiento. Se hace difícil para los organismos reguladores llevar registro de la cantidad de agua que toman dichas empresas para su beneficio, y eso hace que terminemos con tragedias como el valle central seco por el cultivo indiscriminado, para que luego la prensa diga que “la palta secó el valle”.

Las industrias que usan el agua en cantidades desmedidas, para cultivar más de lo que la tierra puede entregar, y así subir los niveles de exportación e incrementar sus ganancias, ellas secaron el valle. Las industrias que repiten esta lógica con los animales haciendo que lleven una vida miserable, vacas ordeñadas hasta que la debilidad, agotamiento y fatiga les pasa la cuenta y desploman sobre sus propias heces. Mantener el ritmo de la producción creciente y el estímulo constante del consumo bajo el modelo económico actual, tiene al territorio sufriendo y sólo lo seguirá llevando por el camino de la destrucción de la naturaleza.

En Chile, ríos icónicos como Futaleufú, Puelo, Baker y Blanco tienen dueños, y son ENDESA y XSTRATA respectivamente. Un modelo económico equivocado, sumado a una política energética deficiente, hace que hoy en nuestro país ya no vendamos solo el producto de la tierra, sino que se entrega la tierra misma sin poner límites ni cuidado en la conservación. ¿Cómo piensa el gobierno seguir vendiendo Chile como destino turístico, si las mismas “atracciones” se están explotando rápidamente hasta el agotamiento? Y es que la lógica a la base está mal, desde el turismo intensivo y sin foco en la protección, hasta la explotación de recursos, “vender” Chile es algo que se debería reevaluar dentro de las paredes del Palacio La Moneda, ya que si seguimos a este ritmo, en un par de décadas no habrá más Chile para vender.

Queremos ríos libres, porque el agua es de la tierra. Queremos ríos libres, porque el agua es un derecho de la humanidad.

“Enormes proyectos industriales reciben sanciones políticas positivas para generar crecimiento económico en el corto plazo sin importar sus costos sociales, culturales, económicos y ecológicos negativos inmediatos, y menos aún los de largo plazo. Pangue, Ralco, Pascua Lama, Celco; millones de hectáreas de plantaciones de especies exóticas de crecimiento rápido, cuyo único destino es la tala rasa, enormes obras viales inconsultas, son sólo algunos ejemplos. Mientras en todas las regiones del país cunde la degradación social y ambiental, en Santiago cada día brotan más rascacielos, cada vez más altos y ostentosos.

– Patagonia Sin Represas

 

Como ciudadanxs nuestro derecho es que el agua sea respetada y preservada para futuras generaciones. Es responsabilidad del Estado regular y poner freno a las acciones de privados, de instituciones y empresas que actúan como si la humanidad tuviera otro planeta al que huir cuando este se acabe.

Un río sin agua no es sólo un paisaje menos espectacular, es tierra donde se acaba la vida, se dificulta el cultivo, se pierde el hábitat de los animales, se acaba la biodiversidad, se hace inhabitable. Un mundo sin glaciares es sequía, es desertificación, enfermedades, sequía y hambruna. Ese es el cambio climático, es ver a la tierra convertirse en desierto. Es ver cómo en la tierra se extingue la vida, y saber que pudo evitarse. Estamos -según científicos- a 11 años del punto de no retorno.

La humanidad tiene sólo 11 años para frenar esta carrera de producción/consumo que se ha vuelto insostenible, y pensar en los niños de hoy, niños como Greta Thunberg que vivirán las consecuencias de todo esto. El agua es vida, es sustento para la tierra y la naturaleza. El agua es vida, limpia los campos y las ciudades. El agua es vida, cuida la vida. 

 

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