Llegamos a Chaitén después de recorrer la ruta bimodal, habíamos escuchado muchísimo de ese tramo, pero verlo en vivo es una sensación que no se puede explicar. Horas de navegación en un ferry que se convirtió en la torre de Babel, donde ciudadanos de las naciones más lejanas se maravillaban frente a los fiordos, al mar patagón, a las empanadas calientitas que sacaba el cocinero. Cruzamos Caleta Gonzalo en medio del inicio de una tormenta, el Parque Pumalín nos recibió con sus alerces milenarios, sus helechos gigantes, sus nalcas infinitas y sus cientos de arroyos cubiertos por un manto de neblina. Un sendero transitado por campervans, buses, ciclistas, mochileros a dedo, y una caravana de autos y camionetas que se abre camino en el bosque, siguiendo la huella a través de la espesura del parque. Este sendero nos llevó a Chaitén, la ciudad que se levanta a pulso, con pujanza y valentía, según su lema, y que nos entregó paisajes impactantes y los mejores amigos del camino 🛣🌿✨

 

Despues de 5 horas en ferry, llegamos a Chaitén, una ciudad azotada por el volcán -años atrás- y donde aún se saborea el dejo amargo de la gestión del gobierno por aquel entonces. La gente de Chaitén fue llamada a ‘reubicar’ la ciudad a un par de kilómetros en el poblado de Santa Bárbara, pero a pura garra la levantaron nuevamente en su emplazamiento original, entre el mar y el volcán, dividida por el río que aún lleva cenizas de aquella vez. Las personas se resguardan de la neblina en sus casas, se ve el humo de las chimeneas como se alza sobre el macizo que custodia la ciudad, y nosotrxs caminamos con las mochilas al hombro buscando un lugar donde pasar la noche, pisando tierra firme después de un día de navegación y movimiento. El cielo se cierra y a las nubes les cuelgan hilos blancos como si intentaran tocar cada casa y calentarse las manos en el fogón de la chimenea. “Se está cayendo la nube, dicen en el campo, cuando se ponen así” y la lluvia, el viento, los truenos y relámpagos nos acompañan camino al camping que encontramos preguntando por calles casi desiertas. Dos días de lluvia intensa y vientos nos mantienen en una paciente espera en Chaitén, en vísperas de las fiestas de año nuevo. Dicen que los buses no salen, dicen que los buses salen, dicen que el comercio no abre, que un panadero ofrece pan amasado y hay que salir a buscarlo a la calle, que el camión de verduras es blanco y pasa los miércoles, que cuando el volcán hizo erupción dijeron que era seguro y aquí estamos. En el camping se construye de a poco la Torre de Babel, y para nosotros hablar español es un recuerdo que dejamos en Puerto Montt antes de entrar a la carretera. Leo es Argentino y Lotta es Sueca, él le llama Lotti de cariño y como la conversación fluye en inglés porque es más fácil para todos, le pregunta cada cierto tiempo como se dicen las cosas, ella traduce desde su español con acento Andaluz. Ambos pedalean la Patagonia para pasar la temporada juntos, mientras esperan que Leo pueda volver a Suecia a tramitar la residencia. Ian e Ilanna son alemanes, también pedalean juntos la carretera austral y nos comunicamos en inglés, nos cuentan que vienen desde el Parque Pumalín y al igual que nosotros y los demás, están esperando que el temporal pase para seguir hacia el sur. Ian e Ilanna trabajan haciendo estudios de impacto medio ambiental para una consultora, nos cuentan que su estilo de vida es similar al nuestro, trabajar una temporada ahorrando y luego viajar largo para recorrer en bici. Alrededor de la fogata siguen llegando personajes variopintos de diversos rincones del planeta. Vuelve a llover y nos empezamos a mojar, hasta que Ian trae el cobertor de su carpa y entre todos improvisamos un techo que parece terraza, amarrando el trozo de tela con cuerdas y haciendo nudos. El mate va y viene, alguien destapa un vino, un joven francés abre una bolsa de marshmallows, y empezamos a hablar de los postres de cada país, de la familia, qué estarán haciendo en estos momentos, nos reímos en distintos acentos. Llegan las doce y feliz año nuevo, muchos abrazos, más risas, más postres extraños, plátano relleno de chocolate en barra tirado a las brasas, directo desde suecia a este pequeño pueblo camino al fin del mundo.

 

 

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Llegamos a Chaitén después de recorrer la ruta bimodal, habíamos escuchado muchísimo de ese tramo, pero verlo en vivo es una sensación que no se puede explicar. Horas de navegación en un ferry que se convirtió en la torre de Babel, donde ciudadanos de las naciones más lejanas se maravillaban frente a los fiordos, al mar patagón, a las empanadas calientitas que sacaba el cocinero. Cruzamos Caleta Gonzalo en medio del inicio de una tormenta, el Parque Pumalín nos recibió con sus alerces milenarios, sus helechos gigantes, sus nalcas infinitas y sus cientos de arroyos cubiertos por un manto de neblina. Un sendero transitado por campervans, buses, ciclistas, mochileros a dedo, y una caravana de autos y camionetas que se abre camino en el bosque, siguiendo la huella a través de la espesura del parque. Este sendero nos llevó a Chaitén, la ciudad que se levanta a pulso, con pujanza y valentía, según su lema, y que nos entregó paisajes impactantes y los mejores amigos del camino 🛣🌿✨ #carreteraaustral

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