Salir a mirar el atardecer es un espectáculo gratis que no toma más de 5 minutos. Observar cómo la luz va se va transformando, cómo el cielo recorre una infinita paleta de colores desde el naranjo al rosado, al morado y al frío azul, para luego cerrarse sobre nuestras cabezas la noche estrellada.

Ver el atardecer es un regalo. Y es sólo un ejemplo de las increíbles cosas que a veces nos perdemos por estar en desconexión con el entorno, y en “conexión” con el celu, internet, los mensajes, las noticias, etc. El atardecer está ahí todos los días, puedes salir de la oficina, mirar por la ventana de la micro, asomarte por un balcón. No hay que estar en un lugar especial para verlo, porque viene a ti cada día. La luna, el sol, las nubes, las abejas, el amanecer, el viento, vienen cada día y sólo debemos estar ahí para contemplarles.

Se han preguntado alguna vez, ¿por qué nos hace tan bien ver un atardecer? ¿Qué es esa sensación que se expande en el pecho cuando levantamos la vista y vemos esos colores? ¿Qué es ese hormigueo de felicidad, ese asomo de sonrisa que nos viene cuando nos asomamos a un mirador y encontramos cerros, quebradas, desiertos, árboles?

En Japón llevan años estudiando una práctica llamada “Shinrin Yoku”, inspirada en las tradiciones sintoístas y budistas que promueven la comunicación con la naturaleza a través de los cinco sentidos. El Shinrin Yoku -más conocido en español como baño de bosque- es el ejercicio de estar intencionalmente (con intención y atención plena) en contacto con la naturaleza, y sería la respuesta a nuestra pregunta: por qué hace tan bien salir cada día a mirar el cielo, las flores, o los árboles.

Y es que salir a observar y contemplar, es -en alguna medida- como el baño de bosque, antigua práctica japonesa que se ha instalado como una terapia avalada y promovida por el sistema de salud público del país nipón, y cuyo más destacado investigador es el antropólogo y fisiólogo Yoshifumi Miyazaki.

Se ha descubierto gracias a múltiples investigaciones, que las caminatas y visitas al bosque -o a la naturaleza disponible, dependiendo del territorio donde vivas- estimulan el sistema inmune, reducen el nivel de estrés y de sustancias químicas con efecto negativo en el cerebro.

En estas investigaciones se ha medid la concentración de cortisol (un biomarcador del estrés) en la saliva de individuos que han estado en el bosque (o ambientes similares), y los resultados arrojan que sus niveles de cortisol son significativamente menores que en los individuos que habían estado en un ambiente urbano.

Con técnicas avanzadas de neurobiología han confirmado que pasear o simplemente estar en un bosque disminuye la actividad del córtex prefrontal, la parte del cerebro donde residen las funciones cognitivas y ejecutivas como planificar, resolver problemas y tomar decisiones. En cambio, la actividad se desplaza a otras partes del cerebro relacionadas con la emoción, el placer y la empatía. “Por eso sabe mejor la comida en el campo” le explicaba Miyazaki a la escritora y periodista Florence Williams”.

Al mismo tiempo, estar en contacto con la naturaleza reduce de manera duradera el cortisol y la adrenalina -las sustancias responsables del estrés- y activa el nervio vago, impulsor de a calma y regeneración, responsable de la relajación y la recarga de energía física y anímica.

Qué es un baño de bosque

El baño de bosque es una práctica que consiste en pasar tiempo en el bosque, y que trae consigo beneficios a la salud, el bienestar y la felicidad. El término viene de la principal acción que buscamos en esta práctica: bañarse implica sumergirse en el entorno, y lo haremos con todos nuestros sentidos.

  • visitar un bosque, o un ambiente natural, abierto
  • habitar el momento con nuestros cinco sentidos
  • experienciar el bosque por 15 minutos mínimo
  • ejercitar la respiración y estar en el momento presente, sin distracciones

En Andes Guardianes sabemos que para muchas personas es un privilegio ir a un lugar así, y que no necesariamente está al alcance de todxs (ya sea por tiempo, recursos, etc). Por eso hicimos la Guía de Baño de Bosque para Todxs, de mar a cordillera y de sur a norte.

Guía de baño de bosque para todxs
  1. Busca el reino vegetal y mineral. Visitar un lugar donde puedas estar rodeadx de naturaleza, desde un parque urbano hasta un terreno rural. Parar la micro entre pueblos y recorrer un campo cuenta. Salirse de la ruta en un camino rural, cuenta. Tomar el metro para ir a un parque, también cuenta.
  2. Poner atención. Conectar con el espacio y absorber la experiencia a través de los sentidos.
  3. Tiempo al tiempo. Pasear o sentarse mínimo por 15 a 20 minutos. Y repetir a menudo esta práctica, ya que más que un panorama aislado, una práctica es un hábito, una constante.
  4. Olvida el apuro, ya que el ejercicio físico no es el objetivo. A diferencia del senderismo, en el baño de bosque es mejor ir lento y pausado observando y contemplando. Puedes recorrer 1 km en dos horas.

El trabajo de Miyazaki indica que con caminatas de 15 minutos disminuyen los niveles de depresión, fatiga, ansiedad, ira y confusión.

El reino plantae nos ofrece infinitas oportunidades de aprendizaje y salud. Como escribió Stéfano Mancuso en ‘El futuro es vegetal’, “desde los materiales a la anatomía energética, desde la capacidad de resistencia a las estrategias de adaptación, las plantas conocen desde tiempo inmemorial cuáles son las soluciones para la mayor parte de los problemas que afligen a la especie humana. Basta saber cómo y dónde mirar”.