Decrecer. De buenas a primeras, y sin algo de contexto, esta palabra puede sonar lúgubre y gris, siendo que en realidad es una alegre invitación a re pensar nuestras prácticas y quedarnos con lo esencial. Como decíamos en el post anterior –que puedes leer acá– es quedarnos con lo que realmente importa, esas cosas que encienden un fuego cálido en el corazón y ponen una sonrisa suave en la cara. Después de todo, las cosas más bonitas de la vida son gratis, y no requieren ser producidas, fabricadas, ni pensadas, nos las entrega el la naturaleza desde que el mundo es mundo.

Para entender el decrecimiento, primero debemos conversar sobre nuestro gran error, el daño que le hemos hecho a la tierra en nombre del progreso: el extractivismo. Podemos entender esta gran teoría como una descripción de la triste dinámica que hemos tenido como sociedad, con la naturaleza y los recursos que de ella obtenemos. Extractivismo es el saqueo de los mares, la quema de bosques nativos para sembrar “cosas más útiles”, el infinito drenaje de las aguas de los cerros para regar siembras y alimentar ganados maltrechos, y todo esto a manos de personas en posición de poder, que abusan del peón y el inquilino, que hostigan a las mujeres, amedrentan a la gente de campo, de mar y de cerro, manteniendo el esquema social de patronazgo donde la clase obrera trabaja de sol a sol por una paga tan pequeña, que mantiene a su país en el sub desarrollo, e impulsa la economía de quienes perpetúan el saqueo.

El extractivismo

Suena familiar? Puedes leer más sobre esta relación entre capital, recursos naturales y territorio en el recomendadísimo libro “Las venas abiertas de américa Latina”, de Eduardo Galeano, o en este breve post.

El tema con el extractivismo es que no es sustentable, en el sentido literal de la palabra. Seguir funcionando como lo hemos hecho hasta ahora no es sostenible, porque estamos extrayendo recursos naturales, utilizándolos para fabricar productos, y consumiendo a un ritmo demasiado acelerado, que agota cada vez más rápido los recursos que la tierra es capaz de renovar y producir. ¿Qué significa esto? En términos simples, que estamos gastando y saqueando la tierra a un ritmo mucho más rápido de lo que ella puede regenerarse. ¿Y qué implica para nosotros? Que vamos a acabar con los recursos que nos permiten vivir en este planeta: agua, aire puro, alimentos. Estamos acabando con la tierra, sólo por habitar en este sistema que extrae sin medida, sin regenerar, sin ver los costos que se están pagando para poder producir muchos bienes de consumo.

La información recogida por expertos indica que el día del sobregiro de la tierra es cada año más pronto. En 2018 el día del sobregiro fue el 1 de Agosto. En 2019 nuestro país se sobregiró el día 29 de Julio. El día del sobregiro es cuando las actividades de consumo humanas superan la capacidad regenerativa de un ecosistema natural. El overshoot global ocurre cuando se solicita más recursos y se produce más residuos como el CO2, de lo que la biosfera pueda absorber.

Entiendes el problema? Estamos consumiendo la tierra como si hubieran más planetas habitables, pero no los hay. Y aunque hubieran! Por qué ir agotando, saqueando, drenando y acabando con cada planeta donde elegimos habitar? La misión es cuidar lo que tenemos, poner freno al sistema, y comenzar a ayudar a la tierra a que se regenere mediante hábitos sostenibles y prácticas sustentables. 

¿Cómo hacer esto? Es muy simple, sólo requiere cambiar la mentalidad, y empezar a amigarnos con la palabra decrecimiento. En este blog hemos dado sinfín de ideas, inspiración, listas de compra y más para que puedas llevar una vida más sustentable, puedes leerlos bajo la categoría “vida verde”, sin embargo, más allá de seguir o no cada artículo o gráfica informativa que anda por internet, lo realmente importante es lograr desarrollar el sentido que está tras todas esas ideas: el decrecimiento. La invitación a vivir mejor con menos. 

Cambiar el switch y ser capaces de discernir por nosotrxs mismxs qué hacer. Porque cada persona es diferente, vivir mejor con menos no siempre se va a ver igual, no siempre es un cepillo de dientes de bambú y una botella metálica súper minimalista. Lo que sí será siempre, es poner este planeta como prioridad, y que nuestras decisiones y elecciones estén orientadas a proteger los valiosos recursos naturales que tenemos. 

Ser felices con menos cosas. Menos suena terrible, sobre todo en este país donde más caro es mejor, más grande es mejor, más frecuente es mejor, más abundante es mejor. En chile más es más, pero les contamos un secreto? Realmente… menos es más. Menos ruido, menos gasto, menos velocidad, menos quehaceres.

El decrecimiento

“Las consecuencias de la industrialización sobre el medio ambiente y la cada vez más evidente desigualdad en la distribución de la riqueza, llevaron en los años 70’ a diferentes economistas y teóricos, con independencia del signo político de su sociedad de procedencia, a admitir que, al aumentar la producción de bienes y servicios, es forzoso que se incremente también el consumo de recursos naturales. Por lo tanto, si el consumo es más rápido que la regeneración de los recursos utilizados se podría desembocar en pocos años en el agotamiento del Planeta. Aquí entra la teoría del decrecimiento para parar esta tendencia.”

El precio de este déficit ecológico es cada vez más evidente: tiene forma de sequías prolongadas, de deforestación, de erosión del suelo, de pérdida de biodiversidad, de agotamiento de las pesquerías, de contaminación de los océanos y, especialmente, de cambio climático. Esa es nuestra lucha al día de hoy. 

La teoría del decrecimiento postula que la sostenibilidad económica es compatible con la preservación de los recursos naturales si se disminuye el consumo de bienes y energía. De esta manera, al disminuir el ritmo de extracción y paralelamente regenerar los ecosistemas, podemos generar un equilibrio entre nuestro habitar de la naturaleza, y ella, la tierra que de todo nos provee.

Actualmente, se calcula que el 20% de la población de la tierra acapara el 85% de los recursos naturales. Los adeptos del decrecimiento, sostienen que no se trata de homogeneizar el nivel de consumo de los distintos países, sino de aplicar criterios de frugalidad, reducción de la producción y regulación del procesamiento y extracción de los recursos. Ese es el decrecimiento sostenible.

Serge Latouche, un reconocido economista francés, célebre ideólogo y partidario del decrecimiento, establece los cimientos sobre los cuales se podría guiar una sociedad que se desarrolle en el decrecimiento:

  • Reevaluar los valores individualistas y consumistas y sustituirlos por ideales de cooperación.
  • Reconceptualizar el estilo de vida actual, que gira en torno a la capacidad de consumo.
  • Reestructurar los sistemas de producción y las relaciones sociales en función de la nueva escala de valores.
  • Relocalizar: se pretende reducir el impacto generado por el transporte intercontinental de mercancías y se simplifica la gestión local de la producción.
  • Redistribuir la riqueza.
  • Reutilizar y reciclar: alargar el tiempo de vida de los productos para evitar el despilfarro. Evitar el diseño de productos obsolescentes.
  • Reducir el consumo, simplificar el estilo de vida de los ciudadanos. El Decrecimiento apuesta por una vuelta a lo pequeño y a lo simple, a aquellas herramientas y técnicas adaptadas a las necesidades de uso, fáciles de entender, intercambiables y modificables.

¿Cómo se ve el vivir mejor con menos en tu hogar? 

En nuestra casita elegimos comprar nuestra comida, ropa, y cosas que necesitemos en tiendas de pequeños comerciantes, o comercios locales, así apoyamos ideales de cooperación en el barrio. Las verduras las compramos los miércoles en la feria de productores locales de la comuna, y otros alimentos, utensilios de hogar, o regalos los hacemos de tiendas de la playa, o de oficios de nuestras amigas, todo hecho a mano por orfebres, artesanas, tintoreras, o carpinteros.

Al reconceptualizar el estilo de vida actual, compramos muy poquitas cosas, y basamos nuestros pasatiempos en experiencias: salimos a andar en bici, a caminar, o a hacer un picnic; en lugar de ir a vitrinear, o panoramas que impliquen consumo. 

La premisa es como siempre: local, a baja escala, artesanal, hecho a mano. Menos es más, una invitación para vivir mejor con menos cosas, volviendo a lo simple, a reparar los objetos, a buscar soluciones en materiales nobles, y revalorizar los oficios y las cosas hechas a mano. Hacemos nuestro yogur y nuestros fermentos, conocemos a quienes cosechan la comida, quienes tejen nuestra ropita, y damos segunda vida a objetos para que sigan siendo funcionales.